lunes, 30 de mayo de 2016

Lecturas: La vida nueva (Orhan Pamuk)

Hay un misterio en este libro, y es el propio libro ese misterio. El libro que el narrador, un rutinario estudiante de ingeniería lee y que le cambia la vida. Un misterio que no es sólo cuál es ese libro (uno lee el de Pamuk diciéndose que sería terrible que fuera el Corán, o el Mein Kampf, o incluso El capital, una posibilidad que el propio Pamuk ha citado, ya que en sus páginas aparecen raros fanáticos devorados por el libro, pero lo mismo puede ser el que el lector tiene entre manos, firmado por Pamuk), sino también por qué ese libro lleva a quienes lo leen a abandonar sus hogares. Como Osman, el narrador, afirma: “si la vida es un viaje, yo llevo seis meses viajando y algo he aprendido, permítame que se lo cuente. Por haber leído un libro perdí todo mi mundo y ahora ando por los caminos para encontrar otro nuevo”. Esa posibilidad de plenitud abarca también la posibilidad del acceso a la propia identidad, lo que es una de las obsesiones del novelista turco.


Es una novela densa, que se deja leer con tranquilidad y agrado hasta que a partir de, más o menos, la página 100, empieza a ponerse cuesta arriba y la lectura exige la mayor concentración. Que yo no le dediqué. Lo que puede verse como la historia de una búsqueda de sí mismo y del amor (la amada, Canan, tiene como nombre lo que en turco es amor), se convierte al comienzo en una pesadilla, en una road movie en versión autobús, para después tornarse alegoría con rigores y exigencias metafísicos. Por primera vez, doy con un Pamuk que se revuelve contra mí y me exige paciencia y tiempo. Incluso indulgencia. Hay muchos comentarios en la red, entusiastas y hastiados, de este libro especialísimo. Espero que los años me concedan la madurez necesaria para asimilarlo. Sé que entonces lo amaré, pero no ahora. No.

¿Algo que destacar? La obsesión pamukiana, su cliché, de nombrar personajes que se enamoran de sus primas. También que dentro de la mecánica habitual de Pamuk de incluir referencias a personajes de otras novelas suyas, en ésta se nos encontramos una a El libro negro: “Lo ha entendido incluso nuestro ilustre columnista Celâl Salik y por eso se ha suicidado. Ahora sus columnas las escribe otro en su lugar”.



Para quien busque un resumen de la trama en las propias páginas del libro, servirá este pasaje: “Había muchas personas así en el mundo, pero ¿era yo uno de ellos? Se me había olvidado cómo era. Había malgastado el mismísimo centro de mi alma, lo había perdido en los caminos porque solo me guiaba el deseo de ser amado por Canan, de encontrar el país del libro y de hallar a mi adversario y luego matarlo”. ¿Más, y mejor, algún pasaje prodigioso? Sirva este: "Me habría gustado decirles que ese instante feliz e incomparable es una gracia que Dios nos concede raras veces en la vida a siervos como nosotros, explicarles que cuando apareces por única vez en la vida, ángel mío, es en esa hora prodigiosa bajo el paraguas milagroso de una nube de cemento  y preguntarles por qué ahora éramos tan dichosos. ¿Quién nos ha concedido esa plenitud, esa totalidad, esa perfección, madre e hijo que os abrazáis libremente con todas vuestras fuerzas por primera vez en la vida como si fuerais amantes sin inhibiciones, mujer coqueta que descubre que la sangre es más roja que el ´lápiz de labios y la muerte más compasiva que la vida, niña afortunada que contemplas las estrellas con la muñeca en brazos plantada junto al cadáver de tu padre?"

Demasiado intenso todo, tal vez haga falta tener un ángel sosteniendo el libro para comprenderlo. Y tal vez entonces morir. Avisados quedan.

Para quienes quieran saber más (y mejor): El traductor de la novela la glosa y defiende




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