domingo, 29 de enero de 2017

Melodías hebreas: de Sefarad a la música klezmer (9): Hebrew Melodies




Esta serie de comentarios, y la audición comentada en que tiene su origen, tomó su nombre de un libro poco conocido de Lord Byron, Hebrew Melodies, con una relación directa con la música más allá del título. Estas Melodías Hebreas son resultado de la colaboración de Byron con el compositor judío Isaac Nathan (1790 - 1864), primero de su condición en lograr reconocimiento público en Inglaterra en los tiempos modernos, augurando un periodo de tolerancia que habría de llevar al político Benjamin Disraeli (nacido judío y bautizado en la Iglesia Anglicana a la edad de trece años), entre 1874 y 1880, al cargo de primer ministro. El nombre de Disraeli forma parte de un proto-sionismo británico del que también formarían parte sir Moses Montefiore o la mismísima George Sand con su novela Daniel Deronda (1876). 


Hijo de un jazán (ya hemos oído estos cantores de sinagoga al tratar de la música litúrgica), el libro fue resultado de dos años de colaboración entre el compositor judío y el poeta inglés, que respondió positivamente a la propuesta formulada por un amigo común, Douglas Kinnaird, y con el apoyo desde el primer momento de Lady Carline Lamb, amante por entonces de Byron, de escribir poemas que serían musicados por Nathan, adaptando algunas de las melodías que sonaban en las sinagogas de Londres de rito sefardí. Siendo atractiva la propuesta, se materializó justamente al revés: primero, Nathan compuso la música, que Byron acompañó de letra en forma de 29 poemas en los que asoman personajes del Antiguo Testamento. 


Aparecido primero como partitura y poco después como libro de poemas, Hebrew Melodies alcanzó una rápida fama. Pero no sucedió lo mismo con la música de Nathan, que dejó de imprimirse a mediados del siglo XIX. El olvido de esta música fue remediado parcialmente cuando en 1988 Fred Burwick y Paul Douglass recuperaron 13 de esas piezas y las convirtieron en un raro y exquisito disco que se puede escuchar aquí. De ellas quizás la más elegante sea el primer, y más celebrado, poema del libro, She walks in beauty, que traduzco directamente del inglés:

Ella camina en la belleza, como la noche
de climas despejados y noches estrelladas
y lo mejor de lo oscuro y lo brillante
se encuentran en sus rasgos y en sus ojos.
así suavizados bajo la tierna luz
que el cielo al necio día niega.

Una sombra más, un rayo de luz menos,
mermada a medias la gracia sin nombre
que ondea en cada trenza azabache
alumbra con tenue luz su rostro,
donde los pensamientos con serena dulzura expresan
lo pura y querida que resulta su morada.

Y sobre esa mejilla y ese ceño
tan suave, calmo y elocuente,
sonrisas que arrebatan, tonos que relucen,
mas hablan de días transcurridos en bondad,
una mente en paz con las bajas pasiones,
un corazón cuyo amor es inocente.







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