lunes, 30 de enero de 2017

Melodías hebreas: de Sefarad a la música klezmer (10): Sonidos de Sefarad







Todavía hoy, en hebreo moderno, el que se habla en Israel, España es Sefarad, y Alemania es Askenaz. De donde provienen los adjetivos sefardí/sefardita y askenazi/askenazí para aplicar a los dos grandes grupos del pueblo judío. Los judíos askenazíes tienen como música propia el klezmer, del que pronto, y por extenso, trataremos. Los judíos sefardíes (que partiendo de España se repartieron por el norte de África, sur de Europa, algunos enclaves en los Balcanes y Turquía) tuvieron su propio sonido, el de la música sefardí.



Las circunstancias históricas, con un antisemitismo creciente en nuestra áspera España, del que la gran persecución de 1391, poco divulgada y la expulsión de 1492 son los hitos principales, determinaron las características y la pervivencia de la música sefardí. Forjada en el interior de la España medieval cristiana, con la que compartía el idioma, que los judíos adaptaron en lo que llamamos ladino y que es un español medieval con algunas influencias hebreas a la que se añadirían, después de 1492, influencias turcas y griegas, la música sefardí se ha conservado principalmente en los países en los que los judíos españoles hallaron refugio tras su expulsión. Así pues, pasó de ser una manifestación musical peninsular a ser mediterránea. Los romances cantados en los reinos de Castilla y Aragón pasaron a ser asimilados y transformados en las juderías españolas para ser conservados en las comunidades judías de Salónica, Marrakech, Sarajevo, Orán o Estambul.



Manuel Alvar recopiló en “Poesía tradicional de los judíos españoles” un amplio conjunto de 257 poemas sefardíes, siendo transmitidos como canciones la mayoría de ellos. Alvar clasifica estos poemas, estas canciones, en tres grandes grupos, romances, cantos de boda y cantos de muerte. Los romances, que ocupan un total de 145 piezas en el libro, se dividen en una variedad temática que delata el ambiente y los asuntos que interesaban a los judíos españoles de entonces y que muestran una amplitud de intereses en común con sus vecinos cristianos: romances históricos, romances moriscos, asunto carolingio, asunto bíblico, asunto clásico, romances de cautivos, amor fiel, amor desgraciado, esposa desdichada, romances de la adúltera, venganzas femeninas y mujeres matadoras, romances de raptos y forzadores, varias aventuras amorosoas, burlas y astucias, asuntos varios y romances líricos.

Musicalmente, las canciones sefardíes tienen un carácter mixto entre los modos cristianos y la instrumentación árabe. Siendo una tradición sometida al doble trauma que supuso la expulsión de 1492, junto con la siguiente expulsión dictada en Portugal en 1497 y hecha irreversible, a fuerza de matanzas, en 1506, tuvo la virtud de someter la voluntad creadora, y también la fe, la confianza y el apego a la propia identidad a través de los siglos, de los desterrados. Y a la vez la capacidad para asimilar ideas, sonidos, palabras y referencias de los lugares de acogida. Esa doble virtud, de resistencia y de permeabilidad, ha servido para que la música sefardí no sea una manifestación cultural fosilizada. La labor no sólo de investigadores de campo como Manuel Alvar sino también de musicólogos como Felipe Pedrell o Joaquín Díaz y de investigadores-intérpretes como Jordi Savall y Hesperion XX, Luis Delgado o Gregorio Paniagua, y de intérpretes como Rosa Zaragoza, Gloria Levy, Maladanza o Sirma ofrecen a la música sefardí una supervivencia asegurada.



Algunos ejemplos comentados. De Gloria Levy, en una grabación histórica y ejemplar de 1958. Toda la dulzura y la nostalgia de Sefarad está en esa grabación. Entre ellas destaca Dame la mano, también conocida como La Serena que transcribo en su original ladino (o judeo-español) con breves aclaraciones para apreciar cuánto de español hay en esa lengua conmovedora. A falta de vídeo con la voz de Levy, valgan dos dignísimas versiones actuales:




Si la mar era de leche,
los barquitos de canela;
yo me mancharia entera
por salvar la mi bandera

Si la mar era de leche,
yo me haria un pexcador;
pexcaria las mis dolores
con palavricas de amor.


Dame la mano tú, paloma, 
para suvir al tu nido. 
maldicha ke duermes sola, 
vengo a durmir kontigo. 

En la mar ay una torre,
en la torre ay una ventana,
en la ventana una ninya,
ke a los marineros yama.

No t’apares tú al moye [No vengas al muelle]

que’n el moy no hay ke ver.  [que en el muelle no hay qué ver] 
Una barkita’l moy aviya, [Una barquita había en el muelle]
travó la vela y se fue. [Soltó la vela y se fue] 



El disco de 1971, pionero, de Joaquín Díaz, Romances y cantigas sefardíes. Sencillo, suave, sereno. Tierno.



Una delicia gastronómica: Los guisados de berenjenas. Por el joven grupo Maladanza, una esperanza para Sefarad. 


La melodía de Los guisados de berenjena sirve también para una pieza más seria, como Esta noche de purim de la tetuaní-venezolana Esther Roffe, que debo a mi amigo Moisés Hayón:




Luis Delgado. Un maestro. Aquí un concierto completo sobre el vino en las tres culturas peninsulares. La música sefardí convive, y se mezcla, con la cristiana y la árabe.


Seguimos con figuras imprescindibles. Hesperion XX dirigido por Jordi Savall y con la voz de Montserrat Figueras. El rey de Francia.




Cerramos el repaso con Gregorio Paniagua y una feliz rareza. Klezmer sefardí, que refleja la pervivencia balcánica de los sonidos sefardíes. 






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